15 de noviembre de 2024
Me despierto con la alarma del móvil, quedan un par de horas para la clase, aunque tengo que comer y repasar para un examen que no he preparado. Pospongo la realidad un par de veces y me meto en la ducha, saco del microondas un precocinado cutre, repaso lo justo para clase, me encanta contemporánea, me abruma el examen, salgo a las 16:00 y ya está oscuro ¿Qué tendrá este país?
Llego a la habitación, más bien al cubículo, la unidad mínima habitable que a veces me sorprendo llamando "casa", me drogo un rato con contenido multimedia, busco algo que hacer, surge un plan. Ceno bien (y) acompañado. El resto se va, y me quedo solo con ella.
Atravesar la ciudad de punta a punta parece fácil cuando las piernas las mueven las palabras, ella no es como la música triste, no sustituye la realidad, la intensifica. Su pelo cae como las ramas de los sauces, brilla con el color de las hojas en otoño, sé que me tengo que ir, pero el fuego de un farolillo aparece en su mirada, y solo quiero dejar de sentir el frío para poder quedarme aquí.
Cuanto más hablamos, menos profundo parece el Somme, y más comprendido me siento. Seguimos dando vueltas en círculo, ahora sin movernos del banco. Ella dice que cómo vivimos nuestro día a día es cómo vivimos la vida... ...es una pena vivir de noche a noche.