zarandeas con un ritmo tus caderas
que mis ojos en estado pendular
no pueden de ellas alejarse un instante
Tus piernas dóricas columnas que
sostienen, el templo de mi Diosa
donde voy a orar rezos paganos,
que hablan de un pecador enamorado
Tu templo abres complaciente a los deseos
pecaminosos de este amante y sin embargo
las trompetas de Jericó no logran que derribes
de tu cuerpo, la pasión que nos consume