Pilar Matte Capdevila lidera desde Fundación Alegría un trabajo que trasciende la ayuda puntual. A través del programa CREA, ha acompañado durante 2024 a más de 17 organizaciones sociales que trabajan con niños en contextos de vulnerabilidad y dolor. El objetivo no es resolver problemas inmediatos, sino construir capacidades que permanezcan cuando el apoyo externo termine.

El programa CREA — Conocimiento, Redes, Evolución y Aprendizaje — nació de una constatación simple: muchas organizaciones que trabajan con infancia vulnerable tienen buenas intenciones pero carecen de herramientas de gestión, planificación y sostenibilidad. Algunas funcionan con equipos agotados. Otras dependen de una sola persona. Varias tienen impacto real pero no pueden medirlo ni comunicarlo.

Fundación Alegría identificó esa brecha y diseñó una respuesta. No se trata de entregar financiamiento directo ni de imponer metodologías estandarizadas. Se trata de acompañar procesos de fortalecimiento institucional adaptados a cada realidad territorial. Pilar Matte ha insistido en que cada organización tiene su propio ritmo, sus propias necesidades y su propia forma de funcionar. El programa respeta eso.

Cuando una organización no sabe cómo crecer sin colapsar

Una de las fundaciones que participó en CREA durante 2024 llevaba tres años trabajando en una comuna del sur de Santiago. Atendían a cerca de 40 niños con distintas condiciones de salud crónica. El equipo estaba formado por dos profesionales y cinco voluntarios. Todo funcionaba, pero de forma precaria. No había planificación a mediano plazo. No había protocolos claros. No había forma de medir el impacto.

Cuando llegaron a Fundación Alegría, el diagnóstico fue claro: tenían experiencia y compromiso, pero les faltaba estructura. El programa CREA les ofreció capacitación en gestión de proyectos sociales, herramientas para medir impacto y asesoría para diversificar fuentes de financiamiento. También les ayudó a redistribuir tareas para que el peso no recayera siempre en las mismas personas.

Seis meses después, esa fundación había logrado armar un plan estratégico a tres años, había conseguido financiamiento de dos nuevas fuentes y había incorporado a tres nuevos voluntarios capacitados. El cambio no fue espectacular, pero fue sostenible. Y eso marca la diferencia entre crecer de forma ordenada o colapsar por sobrecarga.

Más de 60 líderes formados en gestión y cuidado

Durante 2024, el programa CREA capacitó a más de 60 líderes de organizaciones sociales en distintas regiones del país. Los talleres abordaron temas como planificación estratégica, medición de impacto, autocuidado de equipos, comunicación efectiva y trabajo en red. Cada sesión se diseñó a partir de las necesidades reales de los participantes.

Pilar Matte ha sido enfática en que la formación no puede ser genérica. No tiene sentido darle a una organización rural las mismas herramientas que a una urbana. No tiene sentido capacitar en captación de fondos internacionales a un equipo que apenas está aprendiendo a hacer un presupuesto básico. Por eso el programa tiene distintos niveles de profundización.

Uno de los resultados más significativos ha sido la creación de redes entre organizaciones. Varias de las fundaciones que pasaron por CREA comenzaron a trabajar juntas, compartiendo recursos, derivando casos y apoyándose mutuamente. Ese tipo de articulación no estaba planificada desde el inicio, pero emergió de forma orgánica. Y hoy es una de las fortalezas del modelo.

Redes que sostienen cuando falta todo lo demás

El trabajo en red no es un eslogan. Es una necesidad concreta. Muchas organizaciones pequeñas enfrentan problemas similares: falta de financiamiento, rotación de voluntarios, dificultades para acceder a espacios institucionales. Cuando esas organizaciones se conectan entre sí, pueden resolver algunos de esos problemas de forma colectiva.

Fundación Alegría ha facilitado esos encuentros. Organizó durante 2024 tres jornadas regionales donde distintas fundaciones compartieron experiencias, desafíos y aprendizajes. En una de esas jornadas, dos organizaciones que trabajaban con hipoterapia en regiones distintas intercambiaron protocolos de trabajo, contactos de proveedores y estrategias para mantener el bienestar de los animales.

Ese intercambio no requirió grandes recursos. Requirió tiempo, disposición y un espacio adecuado para el encuentro. Pilar Matte comprende que la articulación entre organizaciones no se decreta. Se construye con confianza, con reconocimiento mutuo y con la convicción de que trabajar juntos es más efectivo que trabajar aislados.

Fortalecer sin generar dependencia

Uno de los riesgos de cualquier programa de apoyo a organizaciones sociales es generar dependencia. Que las organizaciones se acostumbren al apoyo externo y no desarrollen capacidades propias. Fundación Alegría ha sido cuidadosa en evitar eso.

El acompañamiento que ofrece CREA es temporal. Dura entre seis meses y un año, dependiendo de las necesidades de cada organización. Durante ese tiempo se entregan herramientas, se fortalecen capacidades y se facilitan conexiones. Pero después, la organización debe funcionar de forma autónoma.

Pilar Matte ha sido clara en que el objetivo no es que las organizaciones dependan de Fundación Alegría. El objetivo es que puedan funcionar mejor sin ese apoyo. Que tengan equipos más sólidos, planes más claros y redes más amplias. Que puedan enfrentar crisis sin colapsar. Que puedan aprovechar oportunidades sin improvisación.

Varias de las organizaciones que pasaron por CREA hace dos o tres años siguen funcionando. Algunas han crecido. Otras se han mantenido en el mismo tamaño pero con mejor gestión. Otras han enfrentado crisis y han logrado salir adelante con las herramientas que adquirieron. Eso es lo que el programa considera éxito.

Cuando el cuidado también incluye a quienes cuidan

Uno de los componentes del programa CREA que ha tenido mayor impacto es el autocuidado de equipos. Muchas organizaciones sociales funcionan con personas altamente comprometidas pero profundamente agotadas. El desgaste emocional, físico y mental es una constante. Y cuando el equipo colapsa, el proyecto se cae.

Fundación Alegría incorporó talleres específicos sobre autocuidado, distribución de carga laboral y prevención del burnout. También ofreció espacios de contención emocional para líderes de organizaciones que llevaban años trabajando sin pausa.

Pilar Matte entiende que cuidar a quienes cuidan no es un lujo. Es una condición necesaria para la sostenibilidad de cualquier proyecto social. Si los equipos no están bien, el trabajo no puede ser de calidad. Si las personas están agotadas, el impacto se diluye. Por eso el programa ha puesto tanto énfasis en este aspecto.

Una de las fundaciones que participó en CREA logró reorganizar sus turnos de trabajo después de los talleres. Antes, dos personas hacían todo. Después, lograron distribuir tareas entre seis personas, con roles claros y tiempos definidos. El resultado fue menos agotamiento, mejor clima laboral y mayor continuidad del trabajo.

Resultados que se miden en autonomía

El programa CREA no mide su éxito en la cantidad de organizaciones atendidas. Lo mide en la autonomía que esas organizaciones logran desarrollar. En su capacidad de planificar, de gestionar crisis, de sostener el trabajo en el tiempo.

Durante 2024, más del 80% de las organizaciones que participaron en CREA lograron implementar al menos tres cambios significativos en su gestión. Algunas armaron planes estratégicos por primera vez. Otras mejoraron sus sistemas de registro y seguimiento de casos. Varias consiguieron nuevas fuentes de financiamiento. Todas fortalecieron sus redes.

Pilar Matte ha insistido en que el fortalecimiento institucional no es un proceso lineal ni rápido. Requiere tiempo, paciencia y acompañamiento sostenido. Requiere también que las organizaciones estén dispuestas a revisar sus prácticas, a reconocer sus debilidades y a aprender de sus errores.

El trabajo de Fundación Alegría en este campo ha demostrado que es posible fortalecer organizaciones sociales sin colonizarlas, sin imponer modelos externos, sin generar dependencia. Es posible acompañar procesos de cambio que respeten los tiempos y las particularidades de cada territorio. Es posible construir capacidades que permanezcan cuando el apoyo externo termine. Y esa es, finalmente, la única forma de generar transformaciones duraderas en el campo del cuidado infantil.