Con el peso del cuerpo me levanto de aquel lugar — el único — que todavía me da paz.

Las noches son de sol y los días, de luna. La brisa ya no corre, y el fuego ha olvidado calentar.

Miro, respiro, y entiendo que una vez más despierto solo para mirar, respirar y entender.

Comprendo que la vida solo son formas ante mis ojos; la música, apenas ruido que roza mis oídos sin sentido.

Lo claro se vuelve oscuro, frío, denso, distante. Lo oscuro se vuelve cálido, pacífico, solemne.

Una y otra vez, todo se repite a mi alrededor: noches de sol, días de luna, oscuridad y paz.

Miro, respiro, y entiendo lo vacía que estoy.

Miro. Respiro. Entiendo.